SJM muestra su preocupación ante la inadmisible escalada de odio y violencia contra migrantes en Torre Pacheco
La violencia racista desatada en la localidad murciana es totalmente deplorable e inadmisible.
Los mensajes que han criminalizado injustamente a toda la comunidad magrebí que reside y trabaja en la ciudad han conducido a ataques sistemáticos, absolutamente intolerables a personas, incluidos niños y niñas, viviendas o negocios.
SJM condena la brutal agresión sufrida, desencadenante de la escalada violenta, por el vecino de Torre Pacheco, deseando su total recuperación. Ningún hecho, por grave que sea, justifica la ola racista que se está viviendo estos días.
Durante estos pasados días, el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) ha seguido con especial preocupación los hechos violentos acaecidos en el municipio de Torre Pacheco. Una brutal y condenable agresión a un vecino de avanzada edad ha sido el detonante de una escalada de furia racista contra la comunidad magrebí de la localidad. Ningún hecho, por grave que sea, justifica la criminalización de todo un colectivo ni los ataques indiscriminados y extremadamente violentos hacia personas, incluidos niños y niñas, viviendas o establecimientos.
La sociedad española se ha construido tradicionalmente con la incorporación de personas migrantes de orígenes diversos. También es así en el territorio de Murcia y, en concreto, en Torre Pacheco. Son vecinos y vecinas que participan de la vida pública, que aportan con su trabajo y esfuerzo al bien común, que han iniciado y desarrollado un proyecto de vida para que sus familiares puedan vivir con prosperidad y dignidad. Si se permiten ataques como estos, la ola de odio y violencia no hará más que crecer.
Algunos grupos violentos racistas vinculados a la extrema derecha se han organizado a través de las redes sociales, alentados por estos discursos xenófobos, para planear “cazas de inmigrantes”. Persecuciones y agresiones atroces que fracturan la convivencia.
Desde SJM apostamos desde hace años por políticas que promuevan el acceso a derechos, la cohesión y convivencia social en armonía, y las oportunidades de inclusión y desarrollo de proyectos de vida de las comunidades migrantes. No solo se trata de perseguir el delito de odio y de luchar contra la desinformación y los bulos que criminalizan, sino de consolidar un sistema democrático que garantiza el respeto, el diálogo, la dignidad y la convivencia de la diversidad.
El racismo y la violencia no deben tener cabida en la sociedad ni debe ser tolerado y justificado de ninguna de las maneras, al igual que el discurso que se vierte desde esferas políticas que estigmatiza y genera odio debe ser erradicado en un Estado de Derecho y en una sociedad democrática y avanzada. La justicia nunca puede ser sustituida por la violencia particular. Los discursos de odio deben ser perseguidos.